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  • jul25

    El ‘bote’ autonómico

    Publicado por Primo González

    Las fichas del dominó autonómico van recostándose unas sobre las otras y, de momento, ya son tres las Autonomías, contando con la última pieza, Cataluña, que han acudido o están a punto de acudir en demanda de liquidez, uno de los muchos eufemismos que se están poniendo tan de moda en esta delicada fase de la economía española, en la que las apariencias siguen tomándose en consideración, a pesar de que los inversores de todos los rincones del Planeta ya han optado por poner pies en polvorosa en lo que a España atañe porque han ido desmontando muchos de los eufemismos que rodearon a la España del brillante acelerón económico posterior a la entrada en el euro.

    La decisión catalana de pedir el oxígeno del FLA (Fondo de Liquidez Autonómica), un “bote” de 18.000 millones de euros que habrán de repartirse buenamente los necesitados de la España autonómica, ha añadido algo más de realismo a la terminología del momento, ya que si el Gobierno lleva meses empeñándose en negar la idea del “rescate” de la Nación, lo que representa el FLA es justamente eso, un rescate por entregas, en pequeñas diócesis, una forma de financiar el déficit pero, sobre todo, una financiación privilegiada. Normalmente el déficit se financia acudiendo a los mercados, es decir, pidiendo dinero a los inversores de los cuatro vientos. Cuando estos no responden se intentan operaciones de mayor proteccionismo y menos mercado, acudiendo por ejemplo a entidades financieras “amigas”, a veces de forma simultánea al lanzamiento de emisiones públicas, una especie de cuestación como la del Domund o la del Día contra el Cáncer, apelando a los buenos sentimientos de la gente para que suscriban los llamados “bonos patrióticos”, cuyo alto riesgo queda atenuado por la saludable finalidad que los ampara, es decir, recabar dinero para seguir haciendo viable la autonomía regional, por mucho que las cuentas no cuadren o que la administración de esa autonomía haya sido un auténtico despropósito, del que ahora se están echando las cuentas para ver de pagar los platos rotos.

    Todas estas fórmulas de financiación del déficit regional (o del gasto excesivo, como se quiera llamar) se han ensayado en las Autonomías más importantes durante los últimos meses, aunque el dinero recopilado (cuya recuperación puede acabar siendo un problema) no ha sido suficiente, ya que el déficit es bastante superior. Y como ya no hay forma posible de financiarlo, el Estado central es el que se va a ocupar de suministrarlo, quizás olvidando que el propio Estado central no tiene nada claro a estas alturas de dónde va a conseguir él mismo el dinero que está ofreciendo a sus entes periféricos.

    La Comisión Europea ha recordado esta misma semana, aunque quizás no hubiera sido necesario, pero sí oportuno, que las “facilidades de liquidez” llevan implícito un capítulo de condiciones. Nadie da dinero sin pedir algo a cambio, como diría Almunia en cita reciente. En teoría, la llegada de dinero a las Autonomías para sufragar esos déficits debería ir acompañada por la presencia de los “hombres de negro, es decir, por los supervisores que garanticen que el dinero prestado se va a emplear en aquello para lo que se pide y, además, se empeñen en poner tapones a la dadivosa política de gasto de quienes viven por encima de sus posibilidades, generan déficit y luego lo convierten en reclamación perentoria.

    Y es aquí en donde se van a producir previsiblemente los tiras y aflojas políticos más relevantes de estas próximas semanas. Es decir, entre los que quieren recibir ayuda sin dar explicaciones a cambio y los que no están dispuestos a soltar ni un euro si antes no le explican en qué se va a utilizar y en garantizarse que no se va a repetir el entuerto. En suma, una esgrima que no va a resultar fácil para ninguno de los espadachines y que contribuirá a debilitar un poco más el servicio público a los españoles y el prestigio, ya bastante menguado, de la clase gobernante.

     

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