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  • sep16

    Acción coordinada del parque de bomberos (faltaron algunos)

    Publicado por Primo González

     

    La masiva inyección de dólares en los circuitos de financiación ha dado un vuelco a los mercados. Los inversores se despertaron el jueves con una inquietante voz de alerta lanzada desde la portada del Wall Street Journal: bancos y empresas europeos se están desplazando al área dólar para buscar financiación, ya que en Europa los circuitos están cerrados. Los bancos centrales han reaccionado con prontitud y de forma coordinada, aunque la reacción se ha producido en algunos casos al borde de la asfixia, cuando algunas entidades habían ido ya por la ventanilla de atrás pidiendo dólares al precio que fuera. La banca francesa, muy activa en las operaciones corporativas en las que participa activamente, ha pasado horas críticas. Tan mal lo han debido ver los bancos centrales que en una acción coordinada preparada en pocas horas han apretado el botón del dispensador de efectivo en dólares para que la actividad no decaiga.

    La acción coordinada por varios bancos centrales ha sido bastante amplia, pero una cosa se ha echado en falta: los grandes poseedores de liquidez, los grandes acumuladores de dólares, están en Asia. Y ni China ni ninguno de los bancos centrales de los países emergentes han participado en esta ronda de aporte masivo de liquidez. La coordinación monetaria internacional funciona todavía a medias, no se ha hecho extensible a la economía global y presenta grandes lagunas. En condiciones normales de coordinación internacional de los grandes bancos centrales (por supuesto, incluyendo a China, a Japón y a Brasil, entre otros), el ahogo de las entidades bancarias europeas debería haber sido bastante menos aparatoso. En el seno del G-20y mediante alguna otra instancia tendría que haber un grado de coordinación superior, una lección que acaba de dar su segunda señal de alerta en los últimos años. La primera fue justamente hace ahora tres años, con motivo de la quiebra de Lehman Brothers, aunque entonces los problemas estaban en Estados Unidos principalmente. Pero la oleada de desconfianza corporativa se ha extendido en los tres últimos años de forma preocupante. Y esa situación sólo la pueden conjurar los bancos centrales, aunque sea de forma transitoria.

    Hay en estos momentos una desertización preocupante de los circuitos internacionales de capitales. La desconfianza entre los bancos está a su nivel más alto posiblemente desde hace muchísimos años, desde que existen los mercados interbancarios a escala europea y luego euro-americana y finalmente a escala planetaria. Una de las causas principales de esta desconfianza entre entidades es la duda que existe sobre el valor real de los activos de los grandes bancos, una pregunta a la que nadie sabe responder.

    El principal de los activos es, por razones sobrevenidas, el papel de los Estados, la deuda soberana. El mundo se había acostumbrado a no poner en discusión el valor de los activos de deuda soberana. Pero ahora hay bancos que tienen decenas de miles de millones de euros en títulos de deuda pública de países que no se sabe muy bien si van a poder pagar ni cuándo. Se habla de quitas del 50% en algunos casos, como la deuda griega, posiblemente superiores. Si la quita se hace extensible, aunque en proporciones menores, a la deuda emitida por otros países (Italia, por ejemplo, cuya capacidad para devolver la deuda acumulada empieza a rozar ya la duda razonable), aunque se trate solamente de quitas del 15% ó del 20%, las cifras se disparan. O sea, los activos enfermos e irrecuperables que hay en los balances de los grandes bancos dejan de ser tan lustrosos como se suponía.

    Están ya circulando por ahí algunas estimaciones que ponen los pelos de punta. La última de ellas el del británico Barclays. Pero habrá muchas más. La sangría de la deuda está en la base de todo el problema. Estamos ante un monumental problema político que sólo cuando los políticos se convenzan a sí mismos y hagan pedagogía entre sus votantes para decirles que un Estado no puede gastar más de lo que ingresa estaremos empezando a corregir el caos en el que se ha convertido el sistema bancario y financiero internacional. No obstante, esa será sólo la primera parte, impedir cuanto antes que la bola de nieve siga creciendo. La segunda parte, que también llegará, es cómo reducir su tamaño.

     

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