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  • feb23

    La niña que seguía tirando tiros libres estando en coma

    Publicado por Justin Case

    Cuando uno se obsesiona con un tema, es más que normal que acabe pensando en él a todas horas. Incluso en sueños. A más de un fan de los deportes le ha pasado: al cerrar los ojos solo ve balones, goles, o en este caso, canastas. Fue el caso de Maggie Meier, de Kansas, una jugadora totalmente obsesionada con hacer canastas. Tanto que lo hacía de manera inconsciente, hasta cuando dormía.

    Pero a la larga, esta obsesión, lejos de suponer causa de estrés, supuso una gran ayuda. No: no trajo un super contrato de estrella  a la chica en la WNBA. Pero le ayudó a salir de un coma, durante el cual llegó a olvidar todo lo que había aprendido: desde comer a conectarse al Facebook. No recordaba nada salvo cómo lanzar un litro libre. 

    En otoño de 2008, Maggie, comenzó a sentirse mal. Su situación se deterioró rápidamente, en cuestión de horas, así que le llevaron al hospital. No sabían que le pasaba, pero parecía grave: allí perdió el conocimiento, para no despertar en mucho tiempo.

    Tras unos exámenes, se descubrió su dolencia: micoplasma meningoencefalitis, un tipo de meningitis muy severa que puede llegar a causar un edema cerebral muy pronunciado. Meier pasó 100 días en el hospital, sin apenas moverse de la cama, y a diferencia de un servidor, no por voluntad propia, claro. Los doctores y su familia tenían que ocuparse de ella: cambiar su postura en la cama, mover sus brazos para que no quedaran entumecidos, etc.

    Pero Meier volvía a la realidad de vez en cuando, y lo hacía con  un único objetivo: echarse unas canastas. Era lo único que quería (y sabía hacer), así que su hermana hacía un aro con los brazos, y ésta emulaba a Pau Gasol con un balón de playa, que hacía pasar alrededor de esta improvisada cesta. Los mates aún quedaban bastante lejos, claro está.

    El resto de su memoria había desaparecido:tras despertar, la joven tuvo que aprender todo de nuevo: a leer, andar, escribir, hablar… También a comportarse en sociedad, a reconocer ciertas reacciones y estímulos. Sólo quedaba un recuerdo en su mente: como jugar a baloncesto, de manera institiva. Era algo que, después, declaró recordaba haber soñado durante su largo descanso.

    Pero claro, no era un sueño: fue la realidad durante muchos días, bien en la cama del hospital, bien en una silla de ruedas, donde lanzaba balones de plástico sin ton ni son por los pasillos del hospital: el resto de los enfermos debía de andar con cuidado o igual se se llevaba un balonazo. Tras un periodo de convalencia y de re-aprendizaje (que intuimos rápido), la chica volvió al instituto con ganas de marcarse unos tiritos en el gimnasio del colegio.  Lo de animadora parece que no iba con ella.

    El final de la historia es digno de alguna de estas películas americanas de Antena 3 en la sobremesa de los sábados: gracias a su dedicación por este deporte, consiguió recuperar la forma física, recuperarse de una lesión cerebral muy seria y hasta entrar en el equipo de baloncesto del instituto. Incluso consiguió llegar a titular al siguiente.: una recuperación asombrosa que sorprendió a todos los expertos.

    Maggie afrontará sus estudios superiores, habiendo descubierto su nueva pasión en la vida: planea graduarse en Cuidados especiales y ayudar a casos similares al suyo. Sin embargo, su historia ha sido celebrada en el mundillo del basket como un ejemplo  de los beneficos de este juego. Ya nos lo dicen en los informativos al terminar: hay que hacer deporte, que es muy bueno. Que se lo digan a ella.

    Visto en The Daily

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