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  • jun20

    A Franco le llamaron “traidor”… en el Valle de los Caídos

    Publicado por Jaime Peñafiel

    Después de 33 años de su muerte, yo creía que de Franco ya no se acordaba nadie. Salvo su hija, of course. Pero, de repente, su nombre cobra una actualidad imprevista e inusitada.

    Primero, por culpa de la Real Academia de la Historia y su Diccionario de Biografías. Sobre el se discute, se polemiza si era un dictador, un tirano, un autoritario, un autócrata, un totalitario ó, simplemente, un hombre que ejerció un despotismo, sin límites. Sea cualquiera el nombre con que se le quiera disfrazar.

    Por otro lado, se habla también de Franco porque el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero está dispuesto a retirar su cadáver del Valle de los Caídos para entregárselo a su hija y única heredera.

    Ignoro de quien fue la idea de que los restos mortales del dictador fueran depositados en el mismo lugar donde ya estaban los de José Antonio Primo de Rivera y 40.000 españoles más, que también habrían de exhumar. Unos dicen que de don Juan Carlos. Otros que de Carlos Arias Navarro. Si empezamos a mover cadáveres, acabaremos pareciéndonos a los peronistas argentinos.

    A propósito del Valle de los Caídos, nuestros internautas puede que no sepan que en esta macro basílica, construida a la mayor gloria del caudillo, fue el único lugar, de toda la geografía peninsular e insular, donde a Franco, en pleno franquismo puro y duro, se le gritó “Franco eres un traidor” en sus propias narices.

    Sucedió, precisamente, durante los funerales, el 20 de noviembre de 1960, por José Antonio. El protagonista de este insulto tan suicida no fue uno de aquellos llamados “rojos” ó comunistas sino… un soldado que prestaba su servicio en el Gobierno Militar de Madrid. Su nombre: Ramón Alonso Urdiales, hijo de un… guardia civil.

    El muchacho esperó a que el sacerdote alzara la Sagrada Forma, el momento más solemne de la Misa, en el que todos los fieles guardan un respetuoso silencio.

    En ese preciso momento, lo de traidor retumbó por todo el templo, expandiéndose por las bóvedas de la basílica y golpeando al dictador en toda su dignidad.

    Testigos recuerdan que Franco dirigió su penetrante mirada hacia el lugar de donde había salido el insulto pero sin inmutarse.

    Días después reconoció a su primo Salgado Araujo que oyó tan solo la palabra Franco. “Yo creo que iba confabulado con otros y al ver que no contestaban al insulto, bajó el tono de voz y por eso no oí el resto”. Fácil es suponer lo que le cayó al muchacho: toda la guardia del generalísimo, aquellos de las boinas rojas, borlas amarillas y metralletas en la mano.

    Pero Franco, que era sentencioso y frío, explicó a su primo: “Tratándose de un soldado en filas, este asunto ha pasado ya a la jurisdicción militar”. El resto es fácil de suponer. Lo que no se le puede negar que cojones tuvo el chaval.

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