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  • ago3

    La magia del cine, más que a directores, guionistas o productores, se la debemos a la presencia de ciertos actores y actrices que, con su simple y rutilante presencia, convierten en sueños un mero largometraje. Uno de los más grandes de siempre es Clark Gable, conocido en sus tiempos de mayor fama como “The King”, es decir, fue al cine lo que Elvis fue al rock. Gable, como muchos en su época, cuando decidió hacerse actor tuvo que pasar penurias antes de convertirse en estrella. Llegó a trabajar en la extracción de petróleo o como vendedor de corbatas.

  • jul27

    No voy a decir que Marlon Brando fue un mal actor porque, aunque siempre estuviese excesivo, no lo fue. Aún más, a sus dotes interpretativas, bien trabajadas académica y laboralmente a lo largo de los años, unió un enorme carisma de esos que se apoderan de la pantalla. Si Marlon Brando aparece en esta sección se debe principalmente a dos factores. Su filmografía, aparte de corta, es bastante decepcionante. Si exceptuamos “Julio César”, aceptable gracias a Shakespeare, “La ley del silencio”, “Ellos y ellas” y, sobre todo, “El Padrino”, sus películas se caracterizan, aunque muchas de ellas sean impecables en cuanto a calidad, por su larguísimo metraje y por ser muy pesadas. Y otras que podrían salvarse sólo tienen una presencia casi testimonial de la estrella de Nebraska. Así, a pesar de su fama, la gran aportación de Brando al cine –insisto que hay que mantener aparte a “El Padrino”, que por sí bastaría para convertirle en leyenda– consiste en una serie de películas interminables que cuesta un mundo ver...

  • jun21

    Hay una cualidad, intangible e indefinible, que convierte a unos pocos mortales en dioses de la pantalla. Como se dice vulgarmente, la cámara se enamora de ellos y los hace brillar majestuosos. Esa ha sido el principal valor de Hollywood hasta hace bien poco. Por otro lado, existe otra cualidad, también inefable, que convierte a algunos artistas en sublimes intérpretes. Sólo en muy contadas ocasiones conviven las dos cualidades: Gary Cooper, James Stewart, Katharine Hepburn o, más recientemente, Natalie Portman, son ejemplos paradigmáticos. Saoirse Ronan, a pesar del nombre, es la última de las actrices que combina la capacidad hipnótica con la interpretativa. Esta joven, que deslumbró al mundo tras aparecer en “Expiación”, es una joya capaz de devorar la pantalla a bocados de miradas intensas, acentos camaleónicos e intensidad seductora. Es una estrella en ciernes, pero lo posee todo para convertirse en un nombre que dé grandes alegrías a los enamorados de ese extraño ente llamado cine. En estos días podemos ver a Saoirse Ronan en “Hanna”, un auténtico drama...