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  • dic25

    Ya que estábamos con Audrey Hepburn, continuemos. Una de sus películas más mágicas es “Desayuno con diamantes”, un dramón disfrazado de comedia gracias al buen hacer del director Blake Edwards y el guionista George Axelrod, que convirtió la novella de Truman Capote en un optimista canto al amor que sobrevive al fragor de la Gran Manzana.

  • dic21

    Hija de una baronesa y un banquero, Audrey Hepburn, a pesar de su frágil aspecto –para unos consecuencia de las privaciones durante la Segunda Guerra Mundial; para otros, fruto de una promesa que se hizo a sí misma de nunca superar las 103 libras de peso–, fue una de las imágenes más sólidas del cine de los años 50 y 60. Aquella era una época diferente del cine. La 2ª Hepburn, durante su plenitud, estuvo tan unida al séptimo arte como a Givenchy, es decir, al glamour. Pero si sigue siendo una inmortal del nuevo Olimpo es gracias a su delicada presencia en algunos títulos inolvidables, comenzando con su primer gran triunfo, “Vacaciones en Roma”, que le valió su único Oscar. Luego llegaron “Sabrina”, donde devoró a bocados al mismísimo Bogart, “Una cara con Ángel” y “Ariane”, donde hizo lo mismo con, respectivamente, Fred Astaire y Gary Cooper, “Historia de una monja”, “Charada” o “Dos en la carretera”, magníficas películas que revisitar un sinfín de ocasiones. Quizás los dos...

  • jul31

    Una enorme sala. Casi vacía. La cámara de frente, precediendo a un hombre que camina lento, con un sentimiento agridulce. Se oye cada uno de sus pasos. Está solo. Llega a la puerta. Se para. Sube de volumen la magnífica banda sonora de Georges Auric. Él es Gregory Peck. Acaba de perder a Audrey Hepburn, pero ha recuperado su integridad: después de haber vivido el mejor día de su vida, dejará de ser un inmoral periodista a la caza de exclusivas para convertirse en todo un hombre.