Aristóteles y Kant no inventaron nuestra necesidad para categorizar; tan solo la constataron. Prueba de esta dependencia es la afirmación de que un género cinematográfico está muerto o moribundo. Lo que muere, de hacerlo, es el cine. Lo que cambia es el público.
En 1975 Bob Fosse y Fred Ebb recuperaron una vieja obra de Broadway titulada “Chicago” y lanzaron una salva apabullante que sacudió los cimientos de Nueva York. Gracias a la música de John Kander, las aventuras de las hambrientas de fama Velma Kelly y Roxie Hart se convirtieron de inmediato en un clásico moderno.
El musical –el género ha renacido, aunque no en el cine– triunfó en todo el mundo. En 2002 Ron Marshall decidió llevarlo al cine, y consiguió un espléndido espectáculo donde la cinematografía y la dramaturgia se daban la mano de una manera que, hasta el momento, tan solo se había visto en “Cabaret” y “Empieza el espectáculo”, ambas dirigidas por Bob Fosse.
“Chicago”, de guión cínico y revelador, es un musical de primera magnitud. En el cine salió reforzado por la fuerza de la espléndida Catherine Zeta-Jones y de la sorprendente y refrescante Renée Zellweger, ambas consumadas bailarinas y cantantes. A ello se unió una magnífica legión de secundarios, incluido un increíble Richard Gere, un montaje excepcional –capaz de hacer bailar claqué a este– y una espectacular puesta en escena.
Pero lo mejor de “Chicago” es que, gracias a Rob Marshall, el espíritu de Bob Fosse renació para mostrarse en toda su pujanza canalla, rijosa y provocadora. En pleno siglo XXI, tuvimos la oportunidad de ver en pantalla un nuevo filme del genio a través de un discípulo que nunca ha vuelto a dar la talla.
El éxito de “Chicago” en taquilla y premios demostró que el musical, si moderno y cercano, puede tener pujanza. No es cuestión de géneros, sino de buen o mal cine.




1 comentario
Comentario by Lola — 10 octubre, 2012 @ 22:20
Gracias por este artículo, porque todo el que me rodea que vio la película afirma categóricamente que es un rollo, y yo, en cambio, salí del cine fascinada. Creía que era yo el bicho raro, pero me alegra saber que no.
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