De triunfo cinematográfico tardío, Helen Mirren, como la gran mayoría de actores británicos, se forjó en la infinita escuela de Shakespeare, debutando como protagonista nada menos que encarnando a Cleopatra. En su incial e ignota carrera filmográfica, hay varios títulos shakespearianos, donde destaca un extraño Hamlet en el que hizo a la vez de Ofelia y Gertrudis.
Nacida con el nombre de Yliena Lydia Vasilievna Mironov, nieta de un aristócrata ruso exiliado tras la revolución de 1917, Helen Mirren tardó horrores en triunfar en el cine. A finales de los 70 y comienzos de los 80, encontramos títulos conocidos como “Calígula” o “Excalibur” y cosas estrambóticas como “El diabólico plan del Dr. Fu Man Chú”.
Aun así, fueron llegando algunos títulos de cierto crédito, como “Noches de sol”, “La costa de los mosquitos” o “El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante” donde, aparte de demostrar sus dotes interpretativas, mostraba una belleza exótica inopinada en una mujer madura (Nació en 1945).
En 1994 dio la primera llamada de atención, cuando la nominaron a los Oscar por “La locura del rey Jorge”. Siete años más tarde, Robert Altman le dio la oportunidad de su vida: la estirada ama de llaves de “Gosford Park”, su primer gran papel de cara al gran público.
A partir de ahí, su prestigio, más que su fama, no ha parado de crecer. Con casi 60 años, fue la más atractiva de “Las chicas del calendario”, donde también demostró ser un torbellino interpretativo. Al tiempo que comenzaron a menudear sus presencias en el cine, siguió haciendo mucha televisión, siempre de calidad.
En 2005, encarnó a la reina Isabel I de Inglaterra en una serie televisiva. Al año siguiente, a la reina Isabel II en “The Queen”, el papel que la consagró internacionalmente, con 61 años de edad. Curiosamente, comenzaron a llegar los papeles en grandes producciones –“La búsqueda: El diario secreto”, “la sombra del poder”, “La deuda” o “RED”– al tiempo que bordó a la esposa de Tolstoi en “La última estación”.
Mujer bella, actriz impecable, Helen Mirren es un homenaje a la tercera edad. Demostró que nunca es tarde para triunfar y, sobre todo, sin dejar nunca de bordar cada uno de sus personajes, que se puede ser siempre atractiva, guapa, única, sin importar los años. Además de una estrella cinematográfica de última hora, supone toda una patada en la boca al imperante culto a la juventud y a las apariencias. Bienvenida sea.



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