Sofia Coppola nos debía un mundo por “El Padrino III”. Pero nos resarció más que suficientemente con “Lost in translation”, sostenido drama que narra una espléndida historia de amor imposible entre un actor maduro sumido en un declive profesional y existencial y una joven con toda la vida por delante pero que tiene una vida sin apenas sentido.
Perdidos en Tokyo, una ciudad que en el filme parece más propia de un videojuego sobre alucinógenos, los dos se encuentran en plena soledad de jet lag, vidas insatifactorias, sueños más decepcionantes que rotos. Poco a poco, se van conociendo, y en el otro encuentran consuelo a la incomunicación coyuntural y al grueso de sus existencias.
Lo más curioso de este filme, más visual que dialogado, con la potentísima presencia de un magistral Bill Murray bien secundado por Scarlett Johansson, es que recuerda plenamente al mejor Chejov. Esa desesperanza, la sublimación del pequeño detalle como detonante climácico, el valor de los silencios de las palabras no dichas sobre la cháchara insustancial, la anécdota nimia como momento culminante de toda una vida… Coppola escribió un guión que debe mucho al escritor ruso y sus discípulos del realismo sucio norteamericano.
Aparte de algunas escenas cómicas, de otras un tanto surrealistas pues Tokyo se presta a ello, de un par de momentos de enorme tensión dramática, lo mejor del filme es el final, esa despedida silenciosa –solo un murmullo, improvisado en pleno rodaje, de Murray– que muestra la inevitable separación de los dos, ahora más sabios, después de haber aprendido una sustanciosa lección existencial, sea cual sea.
“Lost in translation”, algo morosa, es una delicia cinematográfica, un filme minoritario que presentó a dos personajes memorables en una situación harto extraña, una joya que volvió a demostrar que en el cine un final agridulce quizás sea la mejor manera de culminar una película.




2 comentarios
Comentario by Manuel — 4 julio, 2012 @ 23:06
Gran película. Hasta la fecha habia visto pelicula con dialogos enormes, pero esta en esta pelicula lo enorme son los silencios. Los dialogos no estorban, pero parecen mas un descanso entre los verdaderos momentos dramaticos, que es cuando no se dice nada. Creo que voy a volver a verla… otra vez…
Comentario by Instintobasico — 6 julio, 2012 @ 12:23
Pues opino exactamente lo contrario: Sofía Coppola no fue tan nefasta en El Padrino III, y desde entonces está sobrevalorada a lo bestia, igual que Scarlett Johannson.
RSS feed para los comentarios de esta entrada.
Lo siento, el formulario de comentarios está cerrado en este momento.