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  • ene15

    Memorables XXXI: Solo ante el peligro

    Publicado por Daniel Martín

    A finales de los 40, la carrera de Gary Cooper estaba en declive. Muchos productores pensaban que el actor mejor pagado de los años 30 ya no atraía al público. Entonces, el actor decidió bajar sustancialmente sus honorarios –sólo cobró 60.000 más un porcentaje en los beneficios– para hacer “Solo ante el peligro”. Fue un exitazo y Cooper volvió a cobrar más que ningún otro actor, a ser la estrella más rutilante del sistema.

    Su papel como el Marshall Will Kane es uno de sus más memorables. Recién casado, va a retirarse. Pero anuncian que a las doce en punto –su título en inglés– llegará al pueblo un famoso forajido al que detuvo. Poco a poco, en un clima de tensión creciente y momentos intensamente dramáticos, todo el pueblo le dará la espalda para que él, tan solo con la ayuda final de su esposa, se enfrente solo a cuatro pistoleros.

    Se comenta que el filme era una alegoría sobre la “caza de brujas”. Aunque siempre fue un reputado anticomunista, Gary Cooper se negó a delatar a ningún compañero en 1947 ante el Comité de Actividades Antiamericanas, lo que le valió el rechazo de gran parte de Hollywood, lo que también tuvo que ver con el declive de su carrera a fines de los 40. 

    Si realmente el filme trata de eso, si Will Kane es un símbolo del hombre noble al que sus amigos le dan la espalda, entonces la escena memorable de esta entrada es aún mejor. Después de hora y media de acción en tiempo real, cuando ha matado a los cuatro pistoleros, todo el pueblo se acerca a aclamarle. Cooper mira con desprecio a su rededor, coge su estrella, la tira al suelo, se monta en la carreta con Grace Kelly y se va, el deber cumplido. Todo al son de la música del genial Dimitri Tiomkin, la magnífica fotografía en blanco y negro de Floyd Crosby y la hábil y contenida dirección de Fred Zinnemann. Una joya.

  • 1 comentario

    • Comentario by slobo — 18 enero, 2012 @ 12:04

      Totalmente de acuerdo, una joya que nos recuerda que el cine puede comunicar grandes cosas sin necesidad de efectos especiales.
      No sé cuantas veces la habré visto, pero todavía me sigue admirando la interpretación de Gary Cooper. Sin él la película no sería lo mismo. Todavía me emociona la escena en que va a la iglesia a pedir ayuda y todos, incluido el c…. del cura le dejan tirado.
      Despues de ver la última de Almodóvar sería recomendable como terapia para no llegar a odiar el cine dar un vistazo a esta obra maestra.

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