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  • jul13

    A Alfred Hitchcock no le gustaban los rodajes. Le encantaba todo lo que tenía que ver con los preparativos de una película, con la elección de las estrellas –especialmente de las rubias–, con los últimos retoques del guión... pero durante el rodaje sentía una pereza enorme, lo que quizás explique sus numerosos guiños humorísticos improvisados en el último momento. Por esta razón sus películas son enormemente irregulares: mezclan algunas de las mejores escenas de siempre con secuencias menores, en ocasiones verdaderamente chapuceras.